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Maria Dueñas

EL CAMINO REAL Y LAS MISIONES FRANCISCANAS
DE LA ALTA CALIFORNIA ESPAÑOLA

Durante algo más de cinco décadas, un puñado de monjes franciscanos, movidos por una fe férrea y una ciega lealtad a su rey, recorrieron la aún salvaje tierra de la Alta California española levantando misiones en nombre de su patria y de su Dios. Comenzaron en 1769 al sur del actual estado con San Diego de Alcalá y, avanzando a pie y a lomos de mulas, fueron alzando poco a poco las veintiuna construcciones que terminaron conformando lo que vino a llamarse El Camino Real. La cadena terminaría en 1823 con la fundación desautorizada por parte del padre Altimira de San Francisco Solano en el pueblo de Sonoma, al norte del actual estado.

«Seguimos curioseando sin apenas hablar, avanzamos. A pesar de lo menguado de las instalaciones y de la humildad de su contenido, el sitio rebosaba encanto y provocaba sosiego a la vez. En las paredes de lo que supuestamente fuera el refectorio encontramos una colección de acuarelas antiguas, nos detuvimos a contemplarlas sin urgencia. Cuarenta o cincuenta, sesenta quizá. Imágenes de las misiones en su hermosa decadencia antes de ser sometidas a su posterior reconstrucción. Muros desplomados, techados a punto del derrumbe o en la mera ruina. Campanarios sostenidos por unos cuantos andamios, tabiques con oquedades, tapias comidas por plantas trepadoras y una gran sensación de abandono y soledad.»
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