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Maria Dueñas

Blanca Perea

Voz y alma de la novela: profesora española, mujer de nuestro tiempo, madre de dos hijos, luchadora, profesional y centro de una familia estable hasta que, de manera imprevista, todo a su alrededor se desmorona. En busca de su recomposición emocional, decide poner distancia y aceptar un proyecto académico que la trasladará a la universidad californiana de Santa Cecilia. A medida que avanza en su propio proceso de reconstrucción y en la aceptación de su nueva realidad, Blanca se verá implicada en un cúmulo de afectos e intrigas que le abrirán puertas a un pasado con ramificaciones presentes que nunca pudo sospechar.

«Aún así, ya no había vuelta atrás. Demasiado tarde, demasiados puentes volados. Y allí estaba yo tras la marcha de Rebecca, encerrada en un sótano en un pueblo perdido de la costa más remota de un país ajeno, mientras a miles de kilómetros mis hijos se adentraban solos en los primeros tramos de sus vidas adultas y el que hasta entones había sido mi marido se disponía a revivir la apasionante aventura de la paternidad con una abogada rubia quince años más joven que yo.»
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Andrés Fontana

Hijo de un minero analfabeto y una humilde sirvienta, Andrés Fontana accede a sus estudios universitarios en los años treinta del siglo XX gracias a un apoyo económico inesperado. La Guerra Civil le forzará a desarrollar su carrera como profesor de literatura española en Estados Unidos, integrando el colectivo de hispanistas en el exilio que llenaron las universidades americanas en aquellos días. Muerto en California a finales de los años sesenta, la recomposición de su legado es la tarea que Blanca asumirá durante su estancia en Santa Cecilia.

«El porte fuerte y enérgico, los ojos oscuros, inteligentes bajo las cejas pobladas. El cabello abundante, rizado, peinado hacia atrás. La barba cerrada, la boca amplia cuando hablaba, el gesto adusto cuando parecía escuchar. Un hombre de carne y hueso a pesar del estatismo de las imágenes. Un pálpito congelado tras el silencio de la inmovilidad.»
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Daniel Carter

Impulsivo y vital, la influencia de su profesor Andrés Fontana le adentrará en las letras españolas hasta el punto de hacer de ellas su pasión y su profesión. Visitará la España de finales de los cincuenta a fin de documentarse sobre Ramón J. Sender para escribir sobre el novelista aragonés su tesis doctoral, sin anticipar que ese viaje iniciático alterará su vida de manera irreversible para siempre. Blanca conocerá a Daniel años después en Santa Cecilia, convertido ya en un profesor maduro y atractivo con un turbio pasado y algunas deudas pendientes que, en principio, él prefiere no sacar a luz.

«Y entonces, sin saber cómo ni percibir de dónde, alguien apareció a su espalda. Alguien alto y distinto, alguien con camisa blanca, barba clara sobre piel morena y un pelo entre rubio y gris más largo de lo convencional. Sostenía una botella de vino, las gafas de lectura sobre la punta de la nariz sugerían que apenas unos segundos antes había estado concentrado en escudriñar su etiqueta. Mi amigo Daniel Carter, antiguo profesor de nuestro departamento, fueron las credenciales que Rebecca me ofreció. Sin menos. Sin más.»
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