Maria Dueñas

María Dueñas: «El éxito no me influye en lo que hago» 17 noviembre

Por más de dos décadas hizo clases de filología inglesa en la Universidad de Murcia. “Ya tenía mis metas organizadas y comencé a escribir sin ninguna ambición”, dice al teléfono desde su hotel la escritora española recién llegada a Chile. 

María Dueñas (1964) se refiere a su debut literario, El tiempo entre costuras, novela editada en 2009, que ha vendido cerca de cinco millones de ejemplares. Además, la historia de Sira Quiroga, joven modista que abandona Madrid meses antes de que se inicie la Guerra Civil Española, fue llevada a la televisión en una serie de 11 capítulos emitida por el canal Antena 3. El éxito produjo que en enero pasado se transmitiera en Chile a través de la pantalla de TVN. Actualmente se encuentra disponible en Netflix.

“El éxito no me influye en lo que hago. Por supuesto que lo vivo con satisfacción y alegría. Solo intento hacer las cosas bien, porque muchos lectores me piden nuevas historias”, señala Dueñas que en 2012 publicó su segunda novela, Misión Olvido, protagonizada esta vez por Blanca Perea. Es la historia de una profesora que tras ser abandonada por su marido decide viajar a la Universidad de Santa Catalina en California. La misión es ordenar el legado del académico Andrés Fontana, un olvidado hispanista exiliado tras la Guerra Civil. En Estados Unidos, Perea comenzará una nueva e intensa relación.  

“Creo que heredé de mis años en la universidad la disciplina del trabajo y el rigor”, cuenta Dueñas, quien presentará este sábado, a las 17.30 horas, su tercera novela en la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), que se desarrolla en la Estación Mapocho. Se llama La templanza (editorial Planeta) y narra los días convulsionados de Mauro Larrea, que se ve involucrado en el negocio del vino, que transcurre entre México, Cuba y España del siglo XIX. “Los vinos chilenos son formidables, yo les daría una novela”, dice entre risas Dueñas, que se inscribe en el género de la novela histórica desarrollado también por autores como Julia Navarro, Ildefenso Falcones y Arturo Pérez-Reverte.

“Creo que el interés surge en los lectores porque este tipo de novelas te traslada a otros universos. Con aventuras muchas veces seductoras y apasionantes”, termina Dueñas y agrega que en diciembre quizá se detenga a escribir su cuarto libro. Este año ha sido de promoción. Hace días estuvo en Montevideo, y recién en Buenos Aires.

Noticia publicada en: LaTercera.com
Nunca soñó con escribir y terminó con un best seller 17 noviembre
María Dueñas nunca pensó en ser escritora pero cuando a los 41 años decidió probar suerte con una novela, El tiempo entre costuras, rompió todos los récords de ventas en España. Para esta profesora de filología inglesa, casada y con dos hijos, el éxito es un premio a la determinación de poner el alma en todo lo que hace. Pragmática, sencilla y muy voluntariosa, no le dan miedo los retos y por eso aceptó la propuesta de convertir su best seller en una serie de televisión, que se puede ver por Netflix.

Hoy recorre el mundo promocionando La templanza, su tercer libro, pero siempre regresa a España para disfrutar de un buen arroz y un vino tinto, mientras escucha flamenco o Bruce Springsteen. Para saber más, El Observador conversó con ella.

¿Con qué se van a encontrar los lectores en este nuevo trabajo?

Con un trozo de la vida de un hombre que, a mediados del siglo XIX, tiene la mala fortuna de perderlo todo, cuando se cree ya seguro. La novela cuenta cómo Mauro Larrea debe levantarse y reconstruirse a sí mismo para superar la adversidad. También hay una recreación de época que describe el mundo de la minería en México y el del vino en la ciudad española de Jerez. Y además, claro, hay una gran historia de amor.

Son los años del fin del imperio colonial español, una época de crisis. ¿Considera que hoy el mundo está llegando también al final de una época?

En cierta manera sí, porque la historia es siempre cíclica. Es verdad que el siglo XIX en España marca el final de muchas cosas y el inicio de otra forma de vida. Hoy quizá los cambios no sean tan drásticos, porque estamos en el bucle de la modernidad, pero también pienso que vienen aires nuevos.

A diferencia de sus otras novelas, esta vez el personaje principal es un hombre. ¿Le supuso alguna diferencia escribir desde un punto de vista masculino?

Pensé que me iba a resultar complicado seguirle los pasos a un hombre 24 horas al día, durante tres meses. Pero al final me resultó más sencillo de lo que pensaba. Quizá porque con los años ya entiendo mejor la mentalidad masculina. No en vano tengo un marido, un hijo y muchos amigos, así que ya sé bastante bien cómo funcionan.

¿Es una escritora feminista o para mujeres?

Es verdad que tengo más lectoras que lectores, pero eso no significa que escriba para ellas. No voy a negar que miro con ojos de mujer, que tengo un punto de vista femenino, pero me parece natural y no quiero disimularlo. Por otra parte, también me leen muchos hombres y a veces son los más entusiastas.

¿Pero en sus libros no hay una reivindicación de la mujer fuerte, luchadora, indómita?

No necesariamente. Es cierto que me gusta escribir de mujeres potentes, pero es porque me parece que son las que tienen una historia que contar y porque, además, a mí me gustan ese tipo de personas en la vida real. A veces puede que inconscientemente vuelque alguna cosa, pero me cuido de no ser abanderada de la condición de la mujer.

A pesar de las muchas relaciones de pareja que hay en sus libros, no abundan las escenas eróticas. ¿Por qué?

Intento que el relato no sea erótico. No es que tenga pudor a la hora de escribir escenas de alto voltaje, pero si la historia no las requiere, no las fuerzo. No me gusta agregar ingredientes porque sí. De todas formas, mis novelas tienen momentos de intimidad, tienen una carga de sensualidad y con eso, creo, es suficiente. No me gusta planificar a la hora de escribir una novela, o sea, pensar: ahora tengo que poner una dosis de aventura, una de intriga, una erótica, etcétera.

¿De qué forma escribe, entonces?

Yo parto de los escenarios, busco uno que me seduzca. En El tiempo entre costuras fue Marruecos en tiempos del protectorado, por motivos familiares y porque me pareció un territorio olvidado. En Misión Olvido fue California en la época de las misiones franciscanas y a raíz de un viaje que hice. Y ahora es Jerez, en el sur de España, aunque la novela empieza en México y sigue en La Habana, antes de llegar a mi país.

¿Supone un reto la recreación de época?

Sí, es un desafío, pero a mí me encanta. La fase de documentación es apasionante. Me interesa saber que comían en esa época, cómo se vestían, los usos sociales, como decoraban las casas, como viajaban, todas esas pequeñas cosas. Para saberlo, recurro a muchas fuentes, no solo libros de historia. Leo la prensa de la época, libros de viajes, de memorias, de moda, todo lo que puedo conseguir.

Es una experta en filología inglesa que escribe en español. ¿Cómo maneja esa dicotomía?

A pesar de que he escrito mucho en inglés, siempre ha sido en el terreno académico, así que me es más fácil escribir ficción en español. De todas formas, los esquemas para mis libros a veces los hago en inglés, porque es una lengua mucho más sintética y me sale instintivamente. Creo que al haberla usado tanto, ha influido positivamente en mi uso del español. Mis estructuras sintácticas son más breves, no uso demasiado la subordinación y la coordinación, como es usual en nuestra lengua.

¿Quiénes son sus escritores preferidos?

La verdad es que no tengo héroes literarios. Me cuesta dar una lista de preferidos. Soy muy omnívora, leo de todo. Puedo decir que me gusta mucho la novela inglesa del siglo XIX, los escritores del boom latinoamericano y J. M. Coetzee. Pero leo de lo más clásico a lo más comercial, no tengo prejuicios. Y he aprendido mucho de los libros malos, te sirven para saber lo que no hay que hacer en literatura.

¿Por qué decidió ser escritora?

Llegó un momento en mi vida académica que ya había logrado mis objetivos. Eso coincidió con que mis hijos ya habían crecido y me daban un respiro. Y durante una estancia en Estados Unidos me dije: ahora que tengo algo de tiempo podría intentar escribir una novela. Y me puse a ello con determinación, muy en serio. Así surgió El tiempo entre costuras y todo lo demás que vino después.
Noticia publicada en: ElObservador.com.uy
María Dueñas: diario de mi viaje a Tokio 26 octubre

Día 1, Sábado

El tiempo entre costuras me lleva a Tokio. Vuelo vía Estambul; para cuando aterrizo en el aeropuerto de Narita tras veintitantas horas de viaje, mi cuerpo ha perdido la noción del tiempo, pero el iPhone -infalible siempre- me dice que son las seis y media de la tarde. Apenas acabo de entrar en mi habitación cuando suena el teléfono: me esperan. Echo un ojo a la cama. Blanca y grande, tentadora. El sentido común me aconseja que no sucumba a sus encantos, el jetlag puede ser entonces monstruoso. Y tengo una invitación para cenar. Veinte minutos después entro en la estación de metro de Roppongi-Itchome con el responsable de la biblioteca del Instituto Cervantes y el escritor Juan Pedro Aparicio, que participa en un congreso sobre el español y la cultura hispana en Japón.

El metro de Tokio: toda una experiencia. Organizado y preciso como la maquinaria de un Seiko. Impoluto, tan silencioso que incluso hablar por el móvil está prohibido. Una simple ojeada a su plano resulta mareante y, sin embargo, casi todos los usuarios extranjeros coinciden en que es menos complejo de lo que parece. Por si acaso, me dejo llevar. Ciento sesenta yenes -un euro y diecisiete céntimos- cuesta el billete más simple. Línea verde, dos estaciones, un trasbordo. Hemos llegado: Antonio Gil, el director del Cervantes, sale a recibirnos a la puerta de su apartamento en un piso 27. Me cuenta que desde el ventanal del salón, en los días claros, se ve el Monte Fuji. Y en los de ajetreo sísmico, el edificio se balancea al vaivén de la vieja letra del Dúo Dinámico: como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie.

Día 2 Domingo

Teresa Iniesta, la gestora cultural del Cervantes, hace de cicerone esta mañana. Omotesando es nuestro primer destino, una amplia avenida plagada de tiendas exquisitas, enormes árboles y un paisanaje distribuido proporcionalmente entre turistas, paseantes sosegados y especímenes extravagantes. A pesar de que la calle bulle de gente y movimiento, apenas se oyen ruidos: ni un claxon, ni una voz más alta que otra... Nos cruzamos casualmente con Miss Japón 2015, Teresa la saluda con admiración: Ariana Miyamoto -hija de japonesa y afroamericano- es la primera reina de belleza hafu -mestiza- y no junsui -pura-, lo que ha acarreado en los últimos meses un acalorado debate en un país que todavía tiene serios problemas para aceptar la mezcla de razas.

Al paso nos va saliendo también un catálogo completo de firmas de lujo internacionales, casi todas situadas en impactantes edificios diseñados por grandes arquitectos contemporáneos: los suizos Herzog y de Meuron para Prada, los japoneses Toyo Ito para Tod's, Tadao Ando, responsable del centro comercial Omotesando Hills... Dicen que a la zona se la conoce como «los Campos Elíseos de Tokio». Quizá no falte razón.

Atravesamos un frondoso parque -un bosque, prácticamente- para llegar al santuario Meiji, el templo sintoísta reconstruido en los años cincuenta, después de ser bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial. Con el sintoísmo como la segunda religión tras el budismo japonés, y en una mañana de domingo plena de sol, este pulmón verde en pleno centro urbano está hasta los topes de visitantes. Como el Retiro en festivo, casi. Quizá por eso, tras una rápida visita, decidimos proseguir.

Callejeamos por Harajuku; en la pintoresca Takeshita-dori nos divertimos contemplando todo tipo de tribus urbanas y de frikis solitarios compitiendo en la excentricidad de sus atuendos: Lolitas góticas, muñecas victorianas, personajes de videojuegos...

El mediodía nos lleva a la ponencia de Juan Pedro Aparicio en el Cervantes: un lúcido y original pronóstico sobre el futuro del español. Clausuramos el congreso con una paella patria y hacemos la digestión paseando por Kokyo Gaien, la zona verde frente al Palacio Imperial. Todavía en Chiyoda, casi llegamos a la renovada Estación Central desde la que salen las líneas del mítico Shinkansen, el tren bala que hizo a Japón pionero en la alta velocidad. Sólo que los iniciales 210 kilómetros por hora de 1964, serán 600 en 2027 con el futuro tren de levitación magnética -el Maglev-.

La tarde acaba en compañía de Alberto Calero, apasionado director del Latin Beat Festival, residente en Tokio desde hace veinte años y conocedor como pocos de todas sus vertientes: de la cultura a la política, de las tristezas de la princesa Masako a las últimas ideas de Rei Kawakubo para su legendaria y todavía vanguardista firma Comme des Garçons. A su tienda de Marunouchi, precisamente, nos lleva Alberto a tomar un té: sencha, verde y amargo. Rematamos el día con un paseo por Ginza. Y con sushi, al fin.

Día 3 Lunes

Arranca la semana y toca trabajar. Parada a mediodía para atender la invitación del Embajador de España, Gonzalo de Benito. Ocho a la mesa y paella -deliciosa, por cierto-. Hablamos distendidos de todo un poco. De las mujeres japonesas, con uno de los niveles mundiales más bajos en igualdad de género, ocupando el puesto 104 entre 142 según el World Economic Forum 2014. De los niños, tan respetados que tienen su propio día festivo; tan independientes que viajan solitos en metro desde los cinco o seis años. De España, de Cataluña, de la pasión de los japoneses por el flamenco, de vinos y mil cosas más.

Salgo embalada para el Instituto Cervantes, me espera reunión con representantes de NHK, el gran grupo de comunicación público japonés que cuenta también en sus haberes con una editorial. Tras la ceremoniosa entrega de tarjetas a la que tan dados son los nipones -sosteniéndolas siempre con las dos manos-, nos sentamos a charlar. Me informan, me preguntan, quieren saber. Son los responsables de que, durante 17 semanas en televisión o a lo largo de tres volúmenes, los japoneses hayan disfrutado de La pasión de Sira. O lo que es lo mismo, de El tiempo entre costuras en sus dos versiones: la serie de Antena 3 y el libro que yo escribí.

Hora del encuentro público. Mientras bajamos en el ascensor, me adelantan que el salón de actos se ha quedo pequeño y ha habido que poner sillas extras en los pasillos: la historia de mi modista transmutada en espía parece haber seducido a lectores y audiencia televisiva. Converso en el estrado con el periodista de EFE Ramón Abarca, llegan después las preguntas del respetable. Sobre los personajes reales y ficticios, sobre aquella España y aquel Marruecos. Rematamos con fotos y firmas. Después, invitación a cenar con el equipo de NHK: bienintencionados y ajenos a mis comidas previas, me agasajan con paella una vez más.

Día 4 Martes

Visitamos la gran librería de la cadena Kinokuniya en Shinjuku, el barrio moderno, mundano y agitado en el que se encuentra el hotel Park Hyatt de Lost in Translation y que sirve también como escenario para algunas películas de Shin Chan. Me acompaña Elena, una joven que simboliza a tantos afectados por nuestra reciente crisis: graduada en Relaciones Internacionales y con escasas perspectivas profesionales en España, colabora meritoriamente como becaria con el Cervantes a través de un convenio oficial que goza de reconocimiento pero carece de financiación.

Encuentro mi novela en inglés y en japonés, me satisface verla peleando en un mercado como éste:voraz lector, potente generador de títulos y pionero en el libro digital, pero nunca generoso en traducciones. Los libros tienen aquí precios más que accesibles, me cuentan que el comercio de segunda mano es espectacular. En cuanto a tendencias, además del consabido manga, triunfan las keitai shousetsu, novelas breves que se escriben y leen en el móvil, y cuyo formato se ha expandido ya por medio mundo.

Continúan las pesquisas librescas por la tarde con el periodista Ramón Abarca. Daikanmaya T-Site es el soberbio establecimiento de la cadena Tsutaya que visitamos, un lugar donde puedes comprar prensa internacional, ver libros hasta la madrugada o tomar un café o un cóctel según la hora: un diez en arquitectura, contenido y ambiente. Y para corroborarlo, ahí están los comentarios de Conde Nast Traveler, CNN Travel, o Architectural Digest. Terminamos cenando en un sitio tan delicioso que casi ni lo rozan en Trip Advisor. Les doy el soplo: Isshin. Para más detalles, investiguen por ahí...

Día 5 Miércoles

Último día, mucho que hacer. Van llegando algunos de los participantes en la duodécima edición del Latin Beat Film Festival: Adriana Ugarte, que hace doblete con El tiempo entre costuras y Habitaciones Cerradas, la serie de TVE basada en la novela de la escritora Care Santos, que también acaba de aparecer en hotel. Álex de la Iglesia lo hará mañana, otros vendrán después...

El acto en la Embajada de España arranca a las seis. Tras visionar algunas secuencias, hablamos en formato de mesa redonda sobre adaptaciones literarias, sobre el salto de novela a guión televisivo, sobre el papel de los escritores en las versiones audiovisuales, sobre la creciente presencia de las series españolas en el mercado internacional. Nos volcamos después en una animada recepción donde no falta el cava, el Rioja, y una japonesa vestida a la vieja usanza andaluza, venenciando sherry al mejor estilo de las bodegas de Jerez. Charlo con unos y otros, me entregan una docena de tarjetas más: traductores, profesores, lectores, escritores... Apasionados todos de lo español.

Con esfuerzo, logramos por fin cohesionar al grupo; Santiago Herrero, consejero cultural de la Embajada, nos lleva a cenar. Nogizaka Uoshin es el sitio: pescado fresquísimo preservado en cajones a ojos de la parroquia en cajones llenos de hielo, espectacular sushi y sashimi, ambiente de taberna informal y casi ruidosa ¡por una vez! Brindamos con sake: por los libros y las series, los festivales y el salto de fronteras. Hasta siempre, Japón.

Noticia publicada en: ElMundo.es